
Ahora llueve y las nubes tapan el sol
él la espera, ansioso de ilusión
con un ramo de sueños, no son juegos sus anhelos.
Nadie supo quererlo y entenderlo.
Pero ella no está ciega, aunque crea que todo es perfecto
con el viento esa tierra vieja va desapareciendo.
No son pocos los que muerden la manzana envenenada
y terminan muriéndose de espaldas.
Sus palabras tibias soltó y ahora ella no puede parar de correr.
Detrás de sus encantos va a desaparecer
el dolor que la mejor espina le dejó.
El encuentro entre sus almas fué un instante interminable
y esa tarde en un hotel firmaron un acuerdo inevitable.

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